
Hace tres años decidí acompañar una marcha que lideraban organizaciones sociales como movimientos indígenas, sindicatos, mujeres, campesinos, etc. , en contra del TLC y la violación de derechos humanos. Fue una marcha enorme; había miles de personas, pero no ocupó ni 30 segundos en los medios informativos. La masa de gente que vi en la Plaza de Bolívar y en la Carrera 7 no correspondía en absoluto a las imágenes que reprodujeron los noticieros.
En la marcha yo estaba con mi amigo O. En particular no estábamos con ningún grupo, simplemente caminábamos acompañando a la gente mientras O. se reía porque le acababa de confesar que era la primera vez que participaba en una marcha como esa. Él no lo podía creer. No! Si, claro que lo podía creer porque en Colombia no hay una cultura de salir a caminar, gritar, marchar, protestar. Por lo general quienes protestan son vistos por las clases políticas y las clases sociales más altas como simples sindicalistas incendiarios. Y ya he explicado acá que en la mentalidad política tan pobre del blanco o negro, ser sindicalista o simplemente estudiante, campesino e indígena que exige sus derechos, es igual a ser guerrillero o al menos izquierdoso mamerto.
Por eso, la marcha del 4 de febrero fue una ruptura con los antecedentes de aletargamiento, apatía y negligencia en la clase media y alta colombiana frente a problemáticas políticas. Independientemente de la polarización que generó, esta marcha es un logro sin precedentes y un hecho del que nos debemos alegrar; porque además de que puso en evidencia el rechazo tan fuerte a las FARC, nos mostró que también miles de personas salieron de su comodidad y de su entorno inmediato a protestar por la violencia y el secuestro más allá de sus inclinaciones políticas.
Yo no marché. Y no marché porque no quise hacer parte de una marcha en la que solamente se rechaza a uno de los actores del conflicto, y porque me dio rabia ver el despliegue mediático del evento y la apropiación de éste por parte de sectores estatales como ministerios y embajadas. Y me da una tristeza infinita saber que lo más probable es que la marcha del 6 de marzo que convocan las víctimas de paramilitarismo y el Estado en contra de TODO tipo de violencia, no llegará a tener ni la tercera parte de eco en los sectores que apoyaron la marcha del 4.
Y para la muestra un botón: La primera marcha salió de facebook, ¿no? Pues para el evento del 6 de marzo los organizadores virtuales han invitado hasta el momento a 13.390 personas de las cuales 1.222 dicen que asistirán, 1.389 dicen que no asistirán, 454 dicen que probablemente asistirán y 10.625 no han respondido. Me equivocaba yo al decir que efectivamente muy pocos están para solidarizarse en un medio como facebook con los dolientes de los crímenes de Estado y el paramilitarismo?
La única verdad es que Colombia está cada vez más polarizada, es como si estuviera partida en dos, como una moneda de cara o sello… aunque nos quieran hacer creer que “Colombia soy yo” : el “caralibro”.
Nota: Sobre la imparcialidad de los medios los invito a ver esta noticia. http://socioenlinea.blog.lemonde.fr/



1 comentarios:
Ana, Estoy totalmente de acuerdo contigo.
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