08/04/13

Ni sirvienta, ni prostituta…ni mona vestida de seda


(publicado en Chocó 7 Días)




Las políticas públicas culturales se han convertido en una gran preocupación para los artistas,  estudiosos  y protectores del patrimonio cultural en el Chocó.
Quienes lideran la política pública a veces parecieran pensar el arte y la cultura como lo que he sintetizado dentro de cinco estereotipos: sirvienta, prostituta, sancocho regional, estatua monumental o mona vestida de seda.
Quienes piensan la cultura como una sirvienta son los que creen que ella debe estar siempre al servicio de… Entonces se idean discursos muy elaborados en donde por ejemplo la cultura tiene que estar al servicio de la formación de las pedagogías civiles como la no violencia, la conciencia de movilidad, la planificación familiar, el pago de impuestos, etc. Si bien es cierto que el arte es una herramienta fundamental para la concientización de los ciudadanos y si bien es cierto que su impacto psicológico es uno de los mejores aliados a la hora de transformar a las personas, el arte y la cultura no son SOLO eso. No son sólo un instrumento de pacificación y cultura ciudadana. Eso sería como decir que la planeación urbana de Quibdó debe estar al servicio del San Pacho.
Otros no tienen ningún pudor a la hora de convertir el arte y la cultura en una pobre prostituta. Entonces nuestros artistas se convierten por ejemplo en los teloneros de las licoreras o en el trasfondo de festividades municipales que en medio del festín disponen  de los recursos públicos para pagar favores políticos, o convierten el presupuesto de la cultura en la caja menor de su despacho.  Una triste fufurufa.
Otros, piensan la cultura como si se tratara del sanchocho regional, el sanchoco de la abuela, que debe saber siempre igual, que debe permanecer intacto, y debe ser el plato fuerte a la hora de presentarse ante públicos extranjeros, homenajear personajes o simplemente darse un baño de nostalgia. Son por lo general, los que siguen hablando de folklore y son también los gobernantes que siguen pensando la cultura como si fuera una estatua monumental o una pieza de museo dentro de una vitrina, que se muestra, se aprecia, se exotiza y se consume… y que debe permanecer intacto y sobre todo agradar… Son los que piensan la política pública cultural solamente dentro de un escenario y al servicio del turismo .
Y finalmente, tenemos a la mona vestida de seda, es decir, los gobernantes arribistas que piensan el arte y la cultura regional como algo que se debe “occidentalizar”, que debe pasar por filtros y curadurías para estar a la altura de una sociedad que valora sólo lo exótico (lo africano) o lo erudito (lo europeo). Son quienes por ejemplo creen que los procesos pedagógicos alrededor de las chirimías y músicas locales tradicionales les falta mucho pelo pa´ moño y necesitan adornarlos de violines, flautas traversas y partituras.
Pues no. La cultura no es nada de eso. El arte y la cultura son la expresión de unas formas propias de ser y de existir en el mundo. Por eso, someterlos, prostituirlos, aislarlos, cosificarlos o avergonzarse de ellos, es la muestra del desconocimiento y la falta de autoestima que sufrimos o que sufren nuestros gobernantes.

De chismes, rumores y miedo a lo desconocido


Publicado en Chocó 7 Días

Hace poco más de dos meses un par de chicas amables, emprendedoras y con ganas de ofrecerle a Quibdó un lugar diferente como espacio de encuentro  y socialización, crearon La Cafebrería. Un sitio “diferente” con buena música (cosmopolita y “estilizada”, no demasiado fuerte) que invitaba a quibdoseños y foráneos a tomarse un buen vino y disfrutar de una conversación, una puesta en escena musical o teatral o un acto simbólico para pedir por la paz. Rápidamente este sitio se convirtió en un referente para artistas, literatos, poetas, músicos e intelectuales que se salen de la media quibdoseña cuyo sueño radica en embrutecerse con música y trago en JennyLao.
Pero los rumores comenzaron, de la forma en que comienza cualquier rumor en un pueblo que se niega a ser ciudad y que encuentra en la mentira lo que no le da su inteligencia para entender desconocido: De ser un lugar de encuentro para artistas e intelectuales, la Cafebrería se convirtió, en un sitio satánico y un santuario de marihuaneros.
El chisme y el rumor, nos dicen, “hace parte de nuestra cultura… es que somos tan orales…”. Hay quienes piensan que gracias al chisme se logra un control social y se fomentan los valores. Lo cierto es que, como lo narra Gabriel García Márquez en Crónica de una muerte anunciada,  el chisme y el rumor matan y acaban con la vida de la gente. No todo lo cultural es sano, no todo lo tradicional debe defenderse. Hay aberraciones que simplemente naturalizamos y las volvemos “culturales”. ¿Cuándo una “aberración” se ha naturalizado? Cuando la denunciamos y el ofendido es quien la cometió. Hace poco, por cuenta de un rumor, puse en evidencia frente a todos sus compañeros a uno de mis estudiantes y la víctima y el ofendido fue él porque “así no se hacen las cosas”. Es como cuando le pedimos al vecino que tiene su música a TODO volumen, que le baje un poco y los atrevidos somos nosotros, es como cuando todos saben que alguien en un acosador sexual pero nadie dice nada porque “así son todos”, es la misma razón por la que los gobernantes corruptos pueden incluso ser héroes. ¿Hasta qué punto hemos decidido naturalizar estos comportamientos y señalarlos como “culturales”? Esta decisión, por lo general inconsciente, nos hace mucho daño.
El miedo a lo desconocido no es otra cosa que la inseguridad y temor a vernos a nosotros mismos.  La diferencia no hay que aceptarla ni tolerarla, la diferencia  cuando no nos daña, hay que Celebrarla! Entender lo “desconocido” para salir de nuestra zona de comodidad puede romper este letargo social. Por ahora seguimos encerrados en nuestro universo de supersticiones, brujos, rumores, chismes y encantamientos… mientras  el mundo de los vivos simplemente, nos pasa por encima. 

20/08/12

El silencio

"Anoche entendí el miedo al silencio.
El silencio dejó de ser para mi el ser deseado: el  telón de fondo de mi meditación
El instrumento perfecto para "entrar en diálogo con la naturaleza"
El silencio, se convirtió de repente en  silencio sepulcral
El que se siente como  preámbulo de la fatalidad
Preámbulo de la guerra

Y otra vez, otra vez... vuelvo a caer en la cuenta de mi etnocentrismo
Será que algún día llegaré a entenderlo todo?

Estoy en el fin de esta guerra... o es hasta ahora mi comienzo?


Aquí estamos, abrazadas, mi hija y yo...
En Tutunendo
En la casa de la familia Valencia
A cuatro pasos de una estación de policía (todavía más miedoso)
El carro lleno de maletas
y esperamos  que nos den paso para regresar a Quibdó
que el ejército nos permita pasar mientras ven qué hacer con un camión lleno de dinamita: una represalia de las Farc.

Aquí estamos
Esperando salir corriendo..
Huir...
Volver...
A nuestra invidencia
A nuestra sordera
A nuestra zona de comodidad".

Tutunendo, 20 de agosto de 2012.

27/07/12

Una sociedad poco creativa, una sociedad maltratada



Una de las problemáticas que encontramos los profesores universitarios es la falta de creatividad e independencia en los estudiantes. Ante trabajos que implican hacer propuestas personales que demuestren intereses propios y que impliquen generar ideas novedosas y creativas, es común ver que los jóvenes no llegan a planteamientos fuera del status quo, es decir, de lo establecido. Esta problemática no se reduce al Chocó, es un problema del sistema educativo colombiano.
Los jóvenes están mucho más preparados para aprender de memoria, seguir instrucciones, obedecer y repetir, que para explorarse, expresarse desde lo que  les gusta  y suscitar nuevos lenguajes y propuestas saliéndose de los cánones establecidos.
Siempre me generó mucha curiosidad el motivo de este panorama, y venía registrando ciertos hábitos y creencias culturales que pudieran explicarlo; encontré por ejemplo, que tradicionalmente es mal visto que los niños participen en conversaciones de adultos, los abuelos llegaban incluso a escupir en la cara de quien se atreviera a interactuar en una charla común. Esto puede explicar la tendencia a pensar desde las jerarquías en espacios de diálogo: para muchos jóvenes resulta realmente difícil compartir sus ideas y formas de ser con otros distintos a sus pares.
Hay una problemática muy fuerte en el tipo de educación que reciben nuestros hijos. Hace poco lo comprendí examinando el tipo de tareas que le dejan a mi hija (que es el tipo de  tareas del 90% de los niños colombianos). Las labores escolares consisten en: seguir instrucciones, no salirse del cuadrito, pintar la bolita del color que la profesora dijo, dibujar los animales domésticos, hacer planas, aprender ciertas palabras en ingles, etc. etc. Pero muy rara vez, por no decir nunca, encontramos tareas como: dibuja tus animales favoritos en tu paisaje favorito, diseña una casa diferente a las que has visto, colorea tu vocal favorita con tintes naturales que obtengas de tu entorno más cercano, dibuja lo que sueñas, cómo quieres que sea el mundo… etc. etc. Es decir, tareas en las que los niños comiencen a comprenderse y desarrollen una personalidad propia, un sentido creativo. No una personalidad uniforme,  rígida, basada en la premisa del error, la corrección y la prohibición.
Luego nos preguntamos: ¿por qué somos incapaces de pensarnos como sociedad y definir  lo que para nosotros es el desarrollo sin necesidad de apelar a modelos prestados? ¿por qué no podemos generar proyectos propios sin seguir las normas, los parámetros y las prohibiciones de una hegemonía que por lo demás encuentra en nuestra falta de creatividad y poca autoestima el terreno más fértil para dominarnos y explotarnos?
La educación, desde su etapa más temprana es la que nos marca y marca las mujeres y hombres que seremos: la sociedad que seremos. Una sociedad poco creativa es una sociedad destinada a que haya siempre alguien corrigiéndola y diciéndole que hacer… es una sociedad que siempre será “la chiquita de la casa… a la que hay que escupirle si se mete en la conversación de los mayores”. Una sociedad estigmatizada, regañada y sobre todo, maltratada. 

15/06/12

Arte y ciudadanía: Mucha rumba y poco que celebrar (columna Chocó 7 días)


Uno de los cuellos de botella más  grandes que tiene el movimiento cultural artístico del Chocó (además de sus risibles presupuestos desde lo público y lo privado) es la clase de demanda de dicha oferta. Es decir, ¿cuál es la calidad de los eventos culturales que quiere  y pide la gente? ¿Cuáles son los públicos de esa oferta artístico- cultural? Y sobre todo ¿qué formación tienen dichos públicos? En el país del Sagrado Corazón y Jota Mario Valencia, un país beato, superficial y farandulero, la cultura es leída como una cuestión de diversión, recreación, entretenimiento, “bienestar social”, un bien que poseen las élites intelectuales o algo que se disfraza y se pone en escena para  “representar la tradición”. Desde esta perspectiva sólo hay dos lecturas posibles: la cultura es un mero instrumento de entretenimiento, o es una puesta en escena sofisticada a la que acceden unos pocos. 
Pero la cultura, incluso esa “cultura mal entendida” siempre es política.  Y las políticas culturales visibilizan o invisibilizan, legitiman o esconden. Por ese motivo, la educación y la cultura son la únicas formas de construir valores y ciudadanías. Por eso, nada más perjudicial para Quibdó, que hasta ahora comienza a entenderse como ciudad, que la cultura se divorcie de los procesos de reivindicación  y conciencia social.
Si los espacios culturales no son cotidianos y democráticos,  si los espacios culturales no se convierten en una política central de conciencia étnica, regional y ciudadana, corremos el riesgo de perpetuar lo que ya estamos presenciando: El Quibdó indolente, violento y desigual, el Quibdó de las extensiones y la “cultura Jennylao”,  el Quibdó que está convirtiendo su fiesta patronal en una marca turística olvidando su componente espiritual, el Quibdó inconsciente… el incomprensible.
El arte: el cine, el teatro, la música, los performance, los cuerpos en movimiento, son la mejor forma de apostarle a la creación de una conciencia colectiva en la que lo público, el cuerpo y la vida vuelvan a ser sagrados. El arte trasciende los discursos y las normas: denuncia la mentira, nos estremece, nos recuerda que estamos vivos… Si los movimientos artísticos culturales son desarraigados de los movimientos sociales y las cotidianidades,  si los espacios culturales y espirituales siguen siendo los teloneros de las licoreras, si solamente se  entienden desde los intereses económicos y  el turismo,  no seremos más que un  pueblo con mujeres hermosas, mucho talento, mucha  rumba… y sin nada que celebrar.  

28/10/11

Justocracio Roedor. Una mentira muy verdadera (Artículo para Chocó 7 días)



Las últimas dos semanas los quibdoseños han visto o escuchado por diferentes medios a un nuevo candidato; un personajillo cínico y desagradable llamado Justocracio Roedor. Justocracio es una parodia a la política sin ética y la mentalidad chichigüera de muchos electores que se contentan con veinte mil pesos, trago, láminas de zing, promesas clientelistas, etc.; entregando a cambio su poder como ciudadanos, su conciencia y la suerte de un pueblo.


Justocracio pasea por la ciudad acompañado de ratas, lagartos, sapos, cerdos y cocodrilos. Cada vez que Justocracio grita “Yo vengo por lo mío” sus “lacayos” -como él los llama-, gritan “venimos por lo nuestro”.

Esta campaña pedagógica liderada por la Vicerrectoría de Extensiones de la UTCH y la Corp- Oraloteca UTCH, permite comprender las prácticas electorales en la ciudad. Gracias a Justocracio vemos cuatro tipos de reacciones que a su vez nos hablan de cuatro tipos de electores. En primer lugar, encontramos personas que comprenden el mensaje y se unen a la parodia, entendiendo que el humor es una herramienta efectiva para hacer pedagogía y concientizar a la gente. Este primer grupo es el que constituye el voto de opinión. Un segundo grupo muestra una actitud cerrada. No reciben los volantes, se muestran agresivos y ni siquiera dan chance de que se les explique que es una comedia. Estas personas, con muy poco sentido del humor expresan que no quieren saber nada de política. En este grupo encontramos a los escépticos. El tercer grupo, también con una actitud cerrada, manifiesta que no quiere saber nada de Justocracio Roedor porque ya tiene a su(s) candidato(s). Estas personas no leen el volante y huyen de Justocracio o lo enfrentan. No hay risas; la política es un asunto serio y de supervivencia. Este es el grupo de votantes dependientes que guardan una fidelidad ciega, sorda (y a veces muda). Y finalmente, encontramos un tipo de electores que entendiendo o no, a Justocracio Roedor, no pierden la oportunidad de pedirle algo: plata, camisetas, una máscaras, etc. Son los chichigüeros e inmediatistas.

El arte es una herramienta muy importante dentro de la formación de ciudadanos. Y con Justocracio nos dimos cuenta de que a la gente le cuesta entenderlo porque es algo nuevo. Pero el arte y especialmente la parodia, es fundamental porque además de que ayuda a generar conciencia de forma más eficiente que los canales educativos tradicionales, permite comprender los imaginarios y comportamientos de la gente. El panorama que nos muestra Justocracio, es sin duda el panorama que se vera el próximo 30 de octubre. Qué tipo de electores primará? No lo sabemos. Pero sabemos que en estas elecciones Justocracio Roedor, como una mentira muy verdadera, puso a pensar a más de uno.

Vea A Justocracio en YouTuve http://www.youtube.com/watch?v=8T5j8DkmFAI&NR=1